En mayo del año 2000, el núcleo de las Madres de Negro enrolló sus pancartas y acalló sus gritos en el norte de Israel, exhaustas a la vez que satisfechas por lo que creían un triunfo social: evitar que ningún otro hijo de ninguna otra madre israelí muriera en “la estúpida e innecesaria” ocupación del sur de Líbano. Al otro lado de la frontera, cientos de mujeres libanesas, madres de combatientes de los grupos chiíes Hezbolá y Amal, celebraban con el similar afán, felices de que el sacrificio de sus hijos, a los que habían educado para el martirio, hubiera servido para infringir al enemigo su mayor derrota militar, la retirada sin condiciones y a la carrera de un territorio que les habían usurpado dos décadas atrás.
Madres y ataúdes en Oriente Próximo
En mayo del año 2000, el núcleo de las Madres de Negro enrolló sus pancartas y acalló sus gritos en el norte de Israel, exhaustas a la vez que satisfechas por lo que creían un triunfo social: evitar que ningún otro hijo de ninguna otra madre israelí muriera en “la estúpida e innecesaria” ocupación del sur de Líbano. Al otro lado de la frontera, cientos de mujeres libanesas, madres de combatientes de los grupos chiíes Hezbolá y Amal, celebraban con el similar afán, felices de que el sacrificio de
Fuente: El País Internacional
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